Lope de Vega

Lope Félix de Vega Carpio (1562-1635), el mayor dramaturgo español, escribió tantas obras que Cervantes lo llamó “El coloso mental de la naturaleza”.

Entre sus fuentes estaban la historia, el folklore, la vida de los santos, la Biblia, los informes de viajes al Nuevo Mundo, la mitología y los eventos contemporáneos.Lope Félix de Vega Carpio

Lope de Vega nació en Madrid el 12 de diciembre de 1562. El rey Felipe II había nombrado recientemente Madrid capital del vasto Imperio Español.

Pronto se convirtió en un centro internacional repleto de burócratas, diplomáticos, grandes, hidalgos, soldados, poetas, dramaturgos, actores, actrices, matones, picaros, jueces, magistrados, soñadores de ojos salvajes y extranjeros de casi todas partes.

En la infancia de Lope, las obras se representaban en corrales, o patios abiertos, propiedad de las sociedades religiosas.

Estas sociedades alquilaban sus patios a los productores de obras de teatro; los ingresos se utilizaban para cuidar a los ancianos y a los indigentes, identificando así tempranamente el teatro español con la filantropía eclesiástica.

En el momento de la juventud de Lope, las obras en el Corral de la Cruz y el Corral del Príncipe atraían a un público entusiasta. Con la creciente demanda de comedias, se abrieron otros corrales en Madrid, Sevilla, Toledo, Valencia, Granada, Córdoba, Barcelona y Valladolid.

El mundo del espectáculo español creció rápidamente, y los dramaturgos encontraron una venta lista para sus productos; pero en toda España durante varias décadas el dramaturgo favorito fue Lope de Vega. El número de obras de Lope se ha estimado entre 700 y 2.200 (la opinión actual favorece la cifra menor).

Su vida

Lope era un hombre bien educado, intelectualmente un producto de las escuelas y universidades de su tiempo.

Sin embargo, uno se pregunta cuándo encontró tiempo para adquirir su educación en vista del tiempo que consume su devoción a sus dos grandes pasiones, la literatura y el amor.

Desde muy joven -dijo que escribió su primera obra a la edad de 12 años-, la literatura y su serie de relaciones le dieron una vida turbulenta. Su primer enredo conocido, con Elena Osorio, duró 4 años y terminó en 1587, cuando distribuyó versos difamatorios sobre ella; por ello fue encarcelado y desterrado de Madrid durante 8 años.

Pero el asunto le proporcionó el tema de una de sus obras maestras, La Dorotea, publicada tres años antes de su muerte.

El año siguiente a su ruptura con Elena Osorio, Lope secuestró a Isabel de Urbina, hija de una distinguida familia madrileña.

Pronto se separaron, se casaron por poder. Hay pruebas de que en 1588 también sirvió con la Armada Española en su desastroso encuentro con la flota inglesa. Todavía desterrado de Madrid, él e Isabel se fueron a vivir a Valencia, donde Isabel murió en 1594.

En la vida de Lope, enlace tras enlace. Inició un importante romance con Micaela de Luján -llamada en su poesía “Camila Lucinda”- que le dio varios hijos, entre ellos Marcela, que se hizo monja, y Lope Félix.

El segundo matrimonio de Lope, en 1598, motivado por su pobreza, fue con Juana de Guardo, hija de un mayorista de carne y pescado. De su nuevo suegro esperaba en vano recibir alivio fiscal.

Este matrimonio sin amor duró hasta 1613, cuando Juana murió en el parto. Al año siguiente Lope se hizo sacerdote; trató de vivir una vida casta, pero sus intentos resultaron ser ineficaces.

Se sabe que tres amantes más han entrado en su vida: Jerónima de Burgos en 1613; Lucía de Salcedo, “La Loca”, en 1616; y en 1617 el mayor y más profundo amor de su vida, Marta de Nevares, su inamorata hasta su muerte en 1632.

Marta de Nevares, llamada “Amarilis” en su poesía, le parecía a Lope la mujer ideal que había estado buscando toda su vida.

A mediados de sus 20 años, ella lo halagó con el regalo de su juventud y belleza, y a su vez se sintió halagada por su gran fama. Sus cartas y sus versos cuentan cómo la idolatraba.

En una carta al duque de Sessa, su patrón, escribió: “Por fin he encontrado al médico para mis heridas.” Pero Marta tenía un marido, “un hombre bruto”, según Lope, que se puso cada vez más celoso, llevando finalmente a Lope y a Marta ante un tribunal eclesiástico.

Durante semanas el escándalo del juicio llenó de angustia a Lope y Marta. En sus cartas, Lope atacó con diatribas al hombre, Roque Hernández, alegando que “el pelo de su cuerpo comienza en los ojos y termina en los dedos de los pies”.

Marta, al igual que Lope, quería deshacerse del hombre con el que sus padres la habían casado en contra de su voluntad.

Además, estaba embarazada del hijo de Lope. Después de un trabajo prolongado, el niño nació y bautizó a Antonia Clara. Cuando, poco después, se hizo un intento fallido contra la vida de Lope, culpó a Hernández.

Durante el largo litigio murió Roque Hernández. En una carta al duque de Sessa, Lope expresó una alegría salvaje por la noticia.

Marta se mudó con su hija a la casa de Lope. En la misma casa vivía Feliciana, hija de su segunda esposa, Juana, y Lopito, hijo natural de Micaela de Luján, un hogar singular para un sacerdote.

Cuando una serie de catástrofes golpeó su casa, Lope sintió que era un castigo divino por sus transgresiones. La primera catástrofe fue la ceguera de Marta en 1620.

Luego se añadió la aplastante carga de su locura temporal y en 1632 su muerte. Dos años después, Lopito se ahogó; el mismo año, un hidalgo madrileño secuestró a Antonia Clara, su amada hija adolescente y la de Marta.

La competencia agresiva y creciente de los dramaturgos más jóvenes desanimó profesionalmente a Lope.

Los gustos del público cambiaban, dejándolo un poco atrás. En sus últimos días, la frustración profesional y el dolor personal, la melancolía y el remordimiento lo envolvieron.

Su sentido de contrición era tan fuerte que se flagelaba a sí mismo regularmente, siguiendo una práctica medieval de expiación. Murió el 27 de agosto de 1635.

El drama de Lope

“El hombre que intenta escribir según las reglas[clásicas aristotélicas] conocidas por tan poca gente fracasará económicamente. Cuando me siento a escribir una obra de teatro, cierro las reglas con seis llaves y saco a Plauto y a Terence de mi estudio para que dejen de aullar.

Vigilo la taquilla, y como el hombre común paga al gaitero, canto la melodía que le gusta”. Estas palabras provienen del libro de Lope de Vega Arte nuevo de hacer comedias (1609).

Está claro que Lope escribió principalmente para el hombre común; y a juzgar por la estructura y el contenido de lo que escribió, el hombre común ordenó la forma de tres actos; la negación de las reglas de Aristóteles.

La presencia de un cómico (gracioso) para animar la obra con humor juguetón, bullicioso o farsa que a menudo parodiaba líneas serias; verso en lugar de prosa; y una rápida sucesión de escenas, intrigas complejas y subtramas en preferencia al desarrollo unificado del carácter.

El público de Lope exigía obras de teatro sobre el honor, la religión, el amor, la historia (tanto nacional como extranjera) y el material épico y de baladas propio de España.

De todos estos, dijo Lope, las obras tratan sobre todo de los asistentes satisfechos con el honor. Posiblemente ninguna palabra en el idioma ocurrió con más frecuencia en las comedias de la época, ni siquiera amor.

En España, la costumbre exigía que las mujeres protegieran el honor de la familia de acuerdo con un conjunto de normas complejas y estrictas que eran contradictorias y oscuras.

Aun así, en el escenario, el honor se presentaba como algo que había que apreciar como la vida misma; cuando el honor era mancillado, debía ser “lavado en sangre”. Los duelos a muerte se representaban en el escenario, y la técnica de esgrima era un entrenamiento indispensable para todos los actores.

Las clases altas reclamaban la posesión exclusiva del honor, pero Lope también lo atribuía al hombre común. En su obra más conocida, Fuenteovejuna, exalta el sentido del honor de los campesinos de la aldea de Fuenteovejuna que se rebelaron contra un joven y arrogante comendador que consideraba a los campesinos apenas por encima del ganado.

Al convertirse en depredador de las jóvenes campesinas, precipitó una violenta revuelta en la que los aldeanos irrumpieron en su palacio y lo mataron, todo ello en nombre de Fernando e Isabel.

Cuando los Soberanos Católicos enviaron a un juez para castigar a los ofensores, él siguió la práctica actual de torturar a los testigos para obtener evidencia. La pregunta del juez y la respuesta de los aldeanos son famosas en la dramaturgia española: “¿Quién mató al comendador?” “Fuenteovejuna, señor.” Incluso las mujeres y los niños resistieron la tortura.

Debido a que la insurrección fue instigada y consumada en nombre de la monarquía, Fuenteovejuna fue indultada, y el propio Lope eludió el procesamiento por parte de las autoridades gubernamentales de ojos de lince, siempre atento a las señales de insurgencia.

Lope retrató muchas veces a nobles campesinos en obras como El rústico del cielo (hacia 1605; El Santo Campesino), Peribáñez (1610), y El mejor alcalde el rey (hacia 1622; El Rey el Mayor).

Una gran cantidad de obras de Lope estaban basadas en la vida de los santos y en historias dramáticas, y a veces sentimentales, de antigua tradición. Lo fingido verdadero (ca. 1608; From Make-believe to Reality) representa a un dramaturgo, Ginés, al que el emperador Diocleciano ordenó que hiciera una obra de teatro para ridiculizar a la nueva secta de disidentes llamada Christians.

Cumpliendo los deseos del emperador, Ginés finge el cristianismo con tal fervor que se ve envuelto en su espíritu y se convierte milagrosamente, aunque la conversión signifique una rápida ejecución.

La buena guarda (hacia 1610; La monja errante) representa a un joven tesorero de un convento que, antes de huir con un amante, se encomienda devotamente a la Virgen María y deja las llaves del tesoro en el altar de la Virgen.

Cuando la monja regresa, destrozada por su experiencia y arrepentida, encuentra las llaves donde las había dejado y su ausencia pasó desapercibida: la Virgen María la había sustituido para salvarla de la desgracia.

Debido a la íntima unión de la Iglesia y la monarquía en la época de Lope, ambas instituciones patrocinaban anualmente obras del Corpus Christi en un acto llamado autosacramentales para exaltar el significado de la Última Cena.

Este tipo de obra utilizaba regularmente alegorías que representaban figuras como el pecado, la belleza, la sabiduría, la religión, y se escribía principalmente para un público iletrado, aunque todo el mundo, desde el rey hacia abajo, compartía su actuación como espectadores.

Cada gran ciudad montaba nuevos autos cada año. La forma alcanzó su máximo florecimiento en los autos de Pedro Calderón, pero los de Lope de Vega le sacaron un segundo puesto a Calderón.

Aunque los autos de la pluma de Calderón eran predominantemente teológicos en tema y tratamiento, los de Lope eran más terrenales: a menudo incorporaba temas populares y canciones populares y baladas.

Un bello ejemplo es su La maya, festiva y lírica, basada en una popular fiesta primaveral; otros son El hijo pródigo de la historia bíblica, intensamente humana, y El heredero del cielo, basado en la parábola del Nuevo Testamento de la viña.

Entre las obras seculares de Lope construidas sobre la leyenda, Las famosas asturianas (hacia 1612) es representativa.

La obra dramatiza un incidente conmovedor que supuestamente ocurrió en la guerra de siglos entre cristianos y moros en España (711-1492).

Una asturiana, Sancha, despertó a las tropas cristianas para poner fin al monstruoso homenaje de 100 niñas cristianas que anualmente se entregaba a los moriscos.

Sancha se desvistió ante su escolta militar y se burló de ellos declarando que su modestia no estaba comprometida ya que “no estaba en presencia de hombres”.

Aguijoneados por este insulto, los cristianos volvieron a luchar contra los moros y detuvieron para siempre el infame tributo.

Aunque Lope escribía habitualmente por fórmula, la variedad de sus personajes sorprende. En El remedio en la desdicha (ca. 1600; Ayuda en la adversidad) retrata a los galantes y románticos moros en competencia con cristianos igualmente galantes y románticos.

En La hermosa Ester (hacia 1610; Esther la Bella) representa con simpatía a una protagonista judía del Antiguo Testamento y la contrasta con el infame Amán.

En el notoriamente sensacional El prodigio de Etiopía, el autor representa a una mujer blanca que cumple su promesa de “dar la mano” al emperador etíope cortándole la mano y dándosela.

En parte debido al repugnante sensacionalismo de la obra, su autoría, como la de muchas otras obras de la época atribuidas también a Lope, ha sido cuestionada.
Obras no dramáticas

La mayor obra no dramática de Lope es La Dorotea (1632). Esta obra, una novela en forma de diálogo intercalada con versos líricos, es una confesión franca, en gran parte autobiográfica, alternativamente sentimental, lírica, extravagante, caprichosa, enfadada y elocuente.

Escribió voluminosamente en todos los géneros: la novela pastoral La Arcadia (1598) presenta a celebridades contemporáneas escasamente veladas bajo seudónimos; la novela peripatética El peregrino en su patria (1604) traza el destino estrellado de dos amantes; la novela devocional Los pastores de Belén (1612; Los pastores de Belén) gira en torno a un grupo de pastores reunidos a las afueras de Belén unas semanas antes del nacimiento de Cristo.

Lope escribió muchas piezas en los géneros de la poesía épica y narrativa, ambas populares en su época.

La Dragontea (1598; Drake el Pirata) destila en verso la animosidad de toda una nación española hacia Sir Francis Drake y la Reina Isabel I. El largo poema La corona trágica (1627; La Trágica Corona) refleja una fuerte preocupación sectaria por la católica María Estuardo, Reina de Escocia, y, al igual que Drake el Pirata, excortó a Elizabeth.

Otro poema épico, Jerusalén conquistada (1609; Jerusalén Recuperada), cuenta la historia de la Tercera Cruzada, en la que se enorgullece el rey Alfonso VIII de Castilla, que nunca fue; con este poema Lope esperaba en vano dotar a España de una epopeya nacional para rivalizar con las Lusiadas de Portugal (1572), de Luis de Camoëns.

La poesía lírica de Lope de Vega se entrelaza a lo largo de su vasta producción literaria, y en varias ocasiones la ha antologizado. Dos de estas antologías son Rimas humanas (1602; Poesía humana) y Rimas sacras (1614; Poesía espiritual).
Lecturas complementarias sobre Lope Félix de Vega Carpio

El listado más completo de traducciones al inglés de la obra de Lope hasta el año 1943 se encuentra en Remigio Ugo Pane, English Translations from the Spanish, 1484-1943: Una bibliografía (1944).

La mejor traducción de Fuenteovejuna fue hecha por Roy Campbell y está en Eric Bentley, ed., The Classic Theatre (4 vols., 1958-1961). La obra estándar sobre Lope en inglés para especialistas es Hugo Albert Rennert, La vida de Lope de Vega, 1562-1635 (1904), y para el lector general, Francis C. Hayes, Lope de Vega (1967). Una obra estándar de la escenografía española es Hugo Albert Rennert, El escenario español en la época de Lope de Vega (1909).

Véase también William Carlton McCrary, The Goldfinch and the Hawk: Estudio de la tragedia de Lope de Vega, El Caballero de Olmedo (1966).

Para los antecedentes históricos se recomiendan Harold Victor Livermore, A History of Spain (1958; 2d ed. 1966), y John Armstrong Crow, España: La raíz y la flor; una historia de la civilización española y del pueblo español (1963).

Poesía

Un rápido repaso de las obras no dramáticas de Lope comienza con las publicadas en España bajo el título Obras Sueltas (Madrid, 21 vols., 1776-79). Los elementos más importantes de esta colección incluyen los siguientes: La Arcadia (1598), un romance pastoral, es una de las primeras obras más fatigosas y derivadas del poeta.

La Dragontea (1598) es una historia fantástica en verso de la última expedición y muerte de Sir Francis Drake; El Isidro (1599) es una narrativa de la vida de San Francisco. Isidro, patrón de Madrid, compuesto en ottava rima; La Hermosura de Angélica (1602), en tres libros, es una especie de continuación del Orlando Furioso de Ariosto.

Aunque es más conocido hasta la fecha como dramaturgo, Lope de Vega fue también uno de los más grandes poetas españoles de su época, junto a Luis de Góngora y Francisco de Quevedo.

En las décadas de 1580 y 1590, sus poemas de temas pastorales de gran riqueza sentimental fueron muy populares, en parte porque Vega -que aparecía en sus poemas bajo una variedad de seudónimos- retrataba elementos autobiográficos de sus propias aventuras amorosas.

Entre sus obras poéticas más populares se encuentran secuencias de sonetos de amor La Hermosura de Angélica y Rimas, así como los sonetos religiosos recogidos en un libro titulado Rimas sacras, que fue un gran éxito de ventas en su época.

Finalmente, en 1634, justo antes de su muerte, Vega publicó un tercer libro de poemas cortos, Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos, considerado su obra maestra y uno de los volúmenes poéticos más audaces y originales escritos en el siglo XVII.

En Rimas humanas, Vega asumió la identidad de Tomé de Burguillos, un pobre erudito cuyas profundas pasiones románticas por una criada llamada Juana están en conflicto directo con su visión académicamente cínica de la vida.

Reproduce

Aunque su poesía es de gran valor, es a sus escritos dramáticos a los que Lope de Vega debe su lugar destacado en la historia de la literatura.

Es irónico que siempre haya tratado el arte de la comedia como uno de los oficios más humildes. El propio Vega protestaba con frecuencia que escribía sus obras por necesidad económica, y que no debían ser juzgadas como obras de arte.

Sin embargo, a pesar de su extrema humildad en la materia, es un hecho indiscutible que el drama español, si no literalmente la creación de Vega, al menos le debe su forma definitiva: la comedia en tres actos.

En su famoso ensayo Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609) -su manifiesto artístico que incluye su justificación para las tradiciones clásicas del drama- Vega comienza mostrando que conoce tan bien como nadie las reglas establecidas de la poesía, y luego se excusa por su incapacidad para seguirlas con el argumento de que al “vulgar” español no le importan nada, concluyendo irónicamente: “Hablemos entonces con él en el lenguaje de los tontos, ya que es él quien nos paga”.

Lope de Vega pertenecía en la literatura a lo que en el Siglo de Oro se llamaba informalmente la Escuela del Buen Sentido: se jactaba de ser un vulgar español, sosteniendo con firmeza que el negocio del escritor es escribir para hacerse entender y tomar la posición de defensor del lenguaje de la vida ordinaria.

Irónicamente, la crítica más frecuente a las obras de Vega hoy en día es su fraseología y lenguaje excesivamente complejos -a pesar de su deseo de escribir en el lenguaje de los hombres comunes, Vega era un miembro bien educado de la nobleza, y su escritura sufre del estilo adornado y sobrecargado de versos que se había vuelto muy popular durante el Siglo de Oro.

A pesar de algunas discrepancias en las cifras, los propios registros de Lope indican que en 1604 había compuesto, en números redondos, hasta 230 obras de teatro en tres actos (comedias).

La cifra había aumentado a 483 para 1609, a 800 para 1618, a 1.000 para 1620 y a 1.500 para 1632. Montalbán, en su Fama Póstuma (1636), fijó el total de las producciones dramáticas de Lope en 1.800 comedias y más de 400 obras sacramentales más cortas.

De estas 637 obras nos son conocidas por sus títulos, pero sólo se conservan los textos de unas 450.

Muchas de estas piezas fueron impresas durante la vida de Lope, ya sea en compilaciones de obras de varios autores o como números separados por libreros que compraron subrepticiamente manuscritos de los actores o hicieron que la comedia inédita fuera escrita de memoria por personas que enviaron para asistir a la primera presentación.

Por lo tanto, las piezas que no figuran en las colecciones publicadas bajo la dirección de Lope -o bajo la de sus amigos- no pueden considerarse perfectamente auténticas, y sería injusto responsabilizar a su autor de todos los defectos y faltas que exhiben.

Temas y fuentes

La clasificación de esta enorme masa de literatura dramática es una tarea de gran dificultad. Las clasificaciones tradicionales de tragedia, comedia y romance no se aplican a la obra de Lope de Vega.

En primer lugar, su obra pertenece esencialmente al drama de la intriga, en un género al que a menudo se hace referencia como capa y espada, donde las tramas son casi siempre intrigas de amor complicadas con asuntos de honor, más comúnmente relacionados con la pequeña nobleza de la España medieval.

Entre las obras más conocidas de esta clase se encuentran El perro del hortelano, La viuda de Valencia y El maestro de danzar. En algunas de estas obras Vega se esfuerza por exponer una máxima moral y por ilustrar su abuso con un ejemplo vivo: así, sobre el tema de la pobreza, tenemos la obra titulada Las Flores de Don Juan.

Aquí, utiliza la historia de dos hermanos, uno rico y corrupto, el otro pobre y virtuoso, para ilustrar el triunfo de la virtud sobre el vicio.

Tales piezas de moralidad son, sin embargo, raras en el repertorio de Lope; en general, su único objetivo es divertir y conmover a su público, sin detenerse en la moralidad didáctica. Su genio como dramaturgo reside en el manejo magistral de la trama y el carácter, más que en la selección de los temas.

Legado

Lope de Vega está ampliamente considerado como el responsable de la reforma de la dramaturgia española. Antes de él, la composición de las obras españolas era muy irregular, tanto en la estructura de la obra como en el compás y la versificación.

Vega adoptó este estilo de poesía suelta y no regulada, pero expandió su poder literario a un grado extraordinario, introduciendo todo lo que podría proporcionar material para situaciones dramáticas, incluyendo historias extraídas de la Biblia, de la mitología antigua, de la vida de los santos, de la historia antigua, de la historia de España, de las leyendas de la Edad Media, de los acontecimientos actuales y de la vida cotidiana de los españoles en el siglo diecisiete.

Antes de Vega, los dramaturgos apenas esbozaban las condiciones de las personas y sus personajes; con una observación más completa y una descripción más cuidadosa, Lope de Vega creó tipos reales y personajes totalmente tridimensionales que influirían en generaciones de la dramaturgia española posterior.

Lista de reproducciones

Las siguientes son algunas de las obras más famosas de Lope de Vega:

El acero de Madrid
El perro del Hortelano (“El perro en el pesebre”)
La viuda valenciana (“La viuda valenciana]]”)
El maestro de danzar (“El maestro de danza”)
Peribáñez y el comendador de Ocaña
Fuente Ovejuna
El anzuelo de Fenisa
Cordobés valeroso Pedro Carbonero
El mejor alcade, el Rey
El caballero de Olmedo
La dama boba (“La Dama Estúpida”)
El amor enamorado
El castigo sin venganza (“Justicia sin venganza”)
Las bizarrías de Belisa
La duquesa de la camarera de Amalfi

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