Nistagmo : cómo detectarlo y cuáles son los tratamientos.

¿Qué es un nistagmo?

El nistagmo, que suele estar vinculado a un defecto en la adquisición de la visión binocular, es un trastorno visual incapacitante. Haz un zoom.

El nistagmo se define como «un movimiento brusco, incontrolable y espontáneo de los ojos» según el Prof. Laurent Kodjikian, oftalmólogo.

Nistagmo
Foto Steve Cliff en Pixabay

Muy concretamente: el paciente con nistagmo tiene uno o ambos ojos que se mueven de forma incontrolada y espasmódica en un eje horizontal («nistagmo horizontal»: es el más común), vertical («nistagmo vertical») o diagonal («nistagmo de torsión»).

Hay dos tipos de nistagmo: el nistagmo congénito es raro.

Aparece durante los primeros 6 meses de vida del niño y generalmente es consecuencia de malformaciones y/o patologías presentes desde el nacimiento.

También hay nistagmo congénito idiopático, cuyas causas son desconocidas. El nistagmos patológico adquirido es (algo) más frecuente: puede aparecer a cualquier edad de la vida.

¡Cuidado! No confundir el nistagmo patológico (adquirido o congénito) con el nistagmo fisiológico – ¡que es normal! El nistagmo fisiológico puede experimentarse, por ejemplo, cuando se viaja en tren y se observa el paisaje que pasa.

Nistagmo: ¿cuáles son las causas?

En el origen del nistagmos existe un desequilibrio entre las diferentes estructuras que aseguran la estabilidad del ojo.

Este desequilibrio suele estar vinculado a un defecto en la adquisición de la visión binocular que se produce antes de los 8 años de edad: «el nistagmo patológico adquirido se vincula con mayor frecuencia a una mala visión que apareció durante la infancia» confirma el Prof. Kodjikian.

Por lo tanto, es generalmente una pregunta:

  • Un bizco sin corregir, 
  • Por un traumatismo ocular, 
  • La amaurosis congénita de Leber,
  • La enfermedad de Stargardt…

Esta «perturbación de la estabilidad del ojo» también puede ser el resultado de un mal funcionamiento de los centros de coordinación de los movimientos oculares en el sistema nervioso central: enfermedades neurológicas (como la esclerosis múltiple), anomalías en las estructuras o la mielinización de las vías ópticas, lesiones del cerebelo y/o del tronco cerebral…

Más raramente, el nistagmos puede producirse como resultado de una intoxicación por drogas (con medicamentos antiepilépticos, por ejemplo), albinismo (alteración de la pigmentación) o disfunción de la retina (con alteración de la función del cono y/o la varilla).

Síntomas del nistagmo: ¿qué impacto tiene en la vida diaria?

El principal síntoma del nistagmo son los movimientos involuntarios del ojo o los ojos afectados: estos movimientos bruscos e involuntarios tienen un impacto en la agudeza visual y pueden perturbar (o incluso impedir) ciertas actividades de la vida cotidiana: conducir, hacer deporte, desplazarse y orientarse en el espacio, etc.

Con el nistagmos patológico adquirido, el paciente puede sentir que el mundo se «mueve» a su alrededor – ¡como un terremoto! Más raramente, pueden observarse también mareos, vértigos o fotofobia (sensibilidad anormal a la luz).

Las personas que sufren de nistagmos a menudo tienden a inclinar y/o girar la cabeza para ver mejor.

Esto se conoce como «tortícolis» y se refiere a la actitud de la cabeza que el paciente adopta (sin necesariamente darse cuenta) para compensar su nistagmo.

Cabe señalar que el nistagmo tiende a empeorar con la fatiga y/o el estrés.

Diagnóstico y tratamiento: ¿qué tratamiento para el nistagmo?

El diagnóstico de nistagmo lo hace el oftalmólogo.

Además de un examen completo en una consulta de oftalmología, también pueden realizarse pruebas adicionales: un electronistagmograma para estudiar los movimientos oculares con precisión.

Un examen de resonancia magnética para buscar la presencia de posibles lesiones del sistema nervioso central, un electrorretinograma (ERG) para poner de relieve cualquier patología de la retina…

Tratamientos: ¿puede tratarse el nistagmo?

Lamentablemente, el nistagmos patológico, ya sea adquirido o congénito, no puede ser tratado.

Por lo tanto, el tratamiento se basa en la corrección de la visión (lentes o gafas) para mejorar la agudeza visual del paciente.

En raras ocasiones se puede proponer una operación quirúrgica: ésta consiste en «bloquear» los músculos oculomotores (responsables del movimiento de los ojos) en una posición que permita una visión cercana a la normal.

Gracias al Prof. Laurent Kodjikian, oftalmólogo, jefe adjunto del departamento de oftalmología del Hospital Croix Rousse (Lyon) y presidente de la Sociedad Francesa de Oftalmología. 

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