Santa Teresa Ávila española, escritora y reformadora

Biografía Santa Teresa Ávila

Santa Teresa de Ávila (1515-1582) fue una mística española, escritora y reformadora de la orden carmelita. Era una figura influyente y fundamental de su generación.

Santa Teresa (Teresa de Cepeda y Ahumada) nació en Ávila, España, el 28 de marzo de 1515. Sus padres eran piadosos católicos y de alguna manera inspiraron a su hija a tomar una vida de oración.Santa Teresa Avila

Cuando era pequeña, Teresa mostraba signos de una naturaleza profundamente religiosa; a menudo se retiraba al silencio para orar y disfrutaba dando limosnas a los pobres. Estaba muy cerca de su madre, que le proporcionaba un cálido contrapeso a la severidad de su padre.

Sin embargo, en su adolescencia, la madre de Teresa falleció, dejando a la joven Teresa perturbada por el vacío que sentía. La joven Santa Teresa habla de su desesperación y de cómo se dirigió instintivamente a la Virgen María en busca de consuelo.

“Me arrojé en la desesperación ante una imagen de la Madre de Dios. Con muchas lágrimas, imploré a la Santísima Virgen que se convirtiera en mi madre ahora. Con la sencillez de un niño, esta oración fue escuchada. A partir de esa hora, nunca le recé a la Virgen en vano”.

Durante sus últimos años de adolescencia, Ávila perdió parte de su piedad y celo religioso. Ella contó cómo se interesó por los asuntos mundanos y disfrutó de la compañía de un amplio círculo de amigos.

Tenía un encanto natural y le resultaba fácil hacer amigos. A cambio, ella disfrutaba de los cumplidos y amistades de los demás. Sin embargo, no estaba en paz, considerándose a sí misma como una miserable pecadora; más tarde miraría hacia atrás con sentimiento de culpa a sus primeros años de vida.

Sin embargo, este sentimiento de ser una “miserable pecadora” fue probablemente el resultado de un duro auto-juicio, alentado por las exigentes normas religiosas de su padre. A la edad de 16 años, su padre decidió enviar a Teresa a una escuela conventual para que se educara.

Esto reavivó en Teresa el interés por seguir una vida espiritual y después de algunas deliberaciones decidió convertirse en monja de la Orden Carmelita. En esa época las reglas del convento no eran muy estrictas; probablemente era más relajado que vivir con su padre.

El convento aceptó a muchas personas en la orden, a menudo por razones económicas. El convento se llenó de gente, y a menudo se juzgaba a la gente no por su intensidad espiritual sino por sus posesiones materiales.

En este clima, Teresa luchó por encontrar tiempo para una reflexión tranquila, aunque empezó a enseñar a la gente las virtudes de la oración mental.

Poco después de convertirse en monja, Teresa experimentó una grave enfermedad (malaria), que la dejó con un gran dolor durante un largo período. En un momento dado se temía que su enfermedad fuera tan grave que no pudiera recuperarse.

Sin embargo, durante este período de intenso dolor físico, comenzó a experimentar cada vez más visiones divinas y una sensación interior de paz.

Estas experiencias internas de alegría y paz parecían trascender el intenso dolor físico del cuerpo. Ella describe en sus propias palabras su estado de ánimo durante estas pruebas y tribulaciones:

“Soporté estos sufrimientos con gran compostura, de hecho con alegría, excepto al principio, cuando el dolor era demasiado fuerte. Lo que siguió pareció doler menos.

Me entregué por completo a la voluntad de Dios, incluso si él tenía la intención de cargarme así para siempre… Las otras hermanas se preguntaban por la paciencia que Dios me había dado. Sin Él no podría haber soportado tanto con tanta alegría”.

Cuando estaba un poco mejor, reanudó sus oraciones con renovado vigor. Sin embargo, después de contar a otros sus visiones y experiencias espirituales, fue disuadida de perseguirlas. Ciertos clérigos sentían que eran delirios del diablo.

Como resultado, durante muchos años Teresa perdió la confianza para practicar sus oraciones, y su vida espiritual casi fue suspendida. Sin embargo, cuando Teresa tenía 41 años, conoció a un sacerdote que la convenció de que volviera a sus oraciones e imploró a Dios que volviera.

Inicialmente, tuvo algunas dificultades para sentarse a rezar. Ella irónicamente comentó que el final de la oración de la hora no podía llegar lo suficientemente pronto. Sin embargo, con el paso del tiempo, ella se absorbió en una profunda contemplación en la que sintió un sentido cada vez mayor de unidad con Dios.

A veces se sentía abrumada por el amor divino. Las experiencias fueron tan transformadoras que a veces sintió que la gracia iluminadora de Dios lavaría su alma. Estaba tan llena de contemplación divina que se dice que a veces su cuerpo levitaba espontáneamente.

Teresa, sin embargo, no estaba muy interesada en estas demostraciones públicas de”milagros”. Cuando sentía que esto sucedía, pedía a otras monjas que se sentaran sobre ella para evitar que se alejara flotando.

Teresa no era sólo una santa tranquila y plácida. Tenía una cualidad entrañable y natural; su energía vital atraía e inspiraba a muchos de sus seres queridos. La admiraban tanto por su encanto exterior como por su serenidad interior.

Pero al mismo tiempo, sus éxtasis religiosos también causaban celos y sospechas. Desgraciadamente, nació en el período de la Inquisición española, durante este tiempo cualquier desviación de la experiencia religiosa ortodoxa quedaba bajo estricta observación y escrutinio.

En una ocasión Teresa se quejó a Dios por el maltrato de tantas personas diferentes. Dios le contestó diciendo: “Así es como trato siempre a mis amigos”. Con buen humor, santa Teresa respondió: “Por eso tienes tan pocos amigos”.

Santa Teresa luchó porque había pocos que podían entender o apreciar su éxtasis interior. Sin embargo, por un lado, sentía que estas experiencias eran más reales que los acontecimientos ordinarios.

A la edad de 43 años, Santa Teresa decidió que quería fundar un nuevo orden que volviera a comprometerse con los valores de la pobreza y la sencillez. Quería alejarse de su actual convento, lo que dificultaba la vida de oración. Inicialmente, sus objetivos fueron recibidos con una amplia oposición dentro de la ciudad de Ávila.

Sin embargo, con el apoyo de algunos sacerdotes, la oposición disminuyó y se le permitió establecer su primer convento.

Santa Teresa demostró ser una líder y fundadora influyente. Ella guió a las monjas no sólo a través de disciplinas estrictas, sino también a través del poder del amor y del sentido común.

Su camino no era el camino de la ascesis rígida y la abnegación. Aunque ella misma sufrió muchas tribulaciones, para otros, enfatizó la importancia de experimentar el Amor de Dios. Como ella misma dice:

“Ya no gobierno como antes. El amor lo hace todo. No estoy seguro si es porque nadie me da motivos para reprenderla, o porque he descubierto que las cosas van mejor de esa manera”.

“Lo importante no es pensar mucho sino amar mucho y hacer lo que mejor te mueve a amar. El amor no es un gran deleite, sino el deseo de agradar a Dios en todo”.

Santa Teresa dedicó gran parte del resto de su vida a viajar por España estableciendo nuevos conventos basados en las antiguas tradiciones monásticas.

Sus viajes y su trabajo no siempre fueron recibidos con entusiasmo; a muchos les molestaban sus reformas y la crítica implícita de las órdenes religiosas existentes.

A menudo se encontraba con críticas, entre las que se encontraba el Nuncio Papal, que usaba la frase bastante descriptiva “un inquieto y desobediente gadabout que ha estado enseñando como si fuera profesora”.

Santa Teresa también tuvo que enfrentarse con frecuencia a condiciones de vida difíciles y a su frágil salud. Sin embargo, nunca dejó que estos obstáculos la disuadieran de la tarea de su vida.

Finalmente murió el 4 de octubre a la edad de 67 años. Una hermana describe las horas que preceden a la muerte de Santa Teresa:

“Permaneció en esta posición en una oración llena de profunda paz y gran reposo. Ocasionalmente daba alguna señal externa de sorpresa o asombro. Pero todo procedió en un gran reposo. Parecía como si estuviera oyendo una voz que ella contestó.

Su expresión facial fue tan maravillosamente cambiada que nos pareció un cuerpo celestial. Inmersa en la oración, feliz y sonriente, salió de este mundo a la vida eterna”.

Santa Teresa de Ávila fue una de las grandes místicas cristianas. Superando las dolencias físicas, ella se absorbió completamente en su devoción a Dios. Como dice el maestro espiritual contemporáneo Sri Chinmoy:

“En España, Teresa de Ávila ofreció al mundo algo profundamente místico. Su experiencia mística es la culminación más exitosa del matrimonio divino entre el alma aspirante y el Cristo liberador, y es aquí donde se abrazan el llanto indefenso de la voluntad del hombre y la omnipotente voluntad omnipotente de Dios”.

Obras de Teresa de Ávila
En 1566 escribió Camino de Perfección, para decirles a las monjas cómo alcanzar su meta.

En 1580 escribió lo que se considera su obra más grande: El Castillo Interior/ Las Moradas. Se trata de describir las diversas etapas de la evolución espiritual que conducen a la oración plena; escribió Las Fundaciones de 1573 a 1582, para que recordaran la historia primitiva de su orden.

Poesía de Santa Teresa Ávila
Santa Teresa escribió varios volúmenes de poesía su más popular (4)[p.33]

“Sólo Dios es suficiente”.

No dejes que nada te moleste,
que nada te asuste.
Todas las cosas pasan;
Dios no cambia.
La paciencia gana
todo lo que busca.
Quienquiera que tenga a Dios
no le falta nada:
Sólo Dios es suficiente.

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