Sebastián Lerdo

Sebastián Lerdo de Tejada

Sebastián Lerdo de Tejada (1823 – 1889) Fue el primer presidente de México nacido como mexicano, ya que vino al mundo después de la declaración de independencia.

Antes de él, todos los principales líderes del país habían nacido bajo el dominio español, en el virreinato.

Lerdo de Tejada estaba a punto de convertirse en sacerdote, pero finalmente la vida política llamó su atención y fue uno de los protagonistas de las convulsas décadas que México vivió en la segunda mitad del siglo XIX.

De hecho, es considerado uno de los políticos más brillantes de la llamada generación de la Reforma.

Era un hombre con ideas liberales, que siempre luchaba por establecer una república que siguiera las ideas más avanzadas provenientes de Europa.

En su tiempo como presidente, incorporó a la Constitución las leyes de la Reforma, un intento de modernizar la nación legislativa y socialmente.

Entre los cargos políticos que ocupó se encuentran el de presidente del Congreso de la Unión, jefe de varios ministerios, presidente del Tribunal Supremo, diputado y presidente de la República.

Parte de su carrera se desarrolló junto a Benito Juárez, a quien acompañó durante su viaje durante la intervención francesa.

¿Quién fue Sebastián Lerdo de Tejada?

Infancia y primeros años

Sebastián Lerdo de Tejada nació en el pueblo de Xalapa, Veracruz, el 24 de abril de 1823. No fue el único en su familia que se dedicó a la política, ya que su hermano Miguel era un destacado líder liberal.

Sebastián combinó sus estudios de gramática con el trabajo en la tienda de su padre. Los buenos resultados académicos lo llevaron a obtener una beca para la Escuela Palafoxiano, ubicada en Puebla.

En ese momento parecía destinado a ser sacerdote, e incluso recibió las órdenes menores.

Sin embargo, en el último momento cambió de opinión y comenzó a estudiar derecho. Obtuvo el título después de los años relevantes en el Colegio de San Ildefonso.

Su primer trabajo fue precisamente en ese centro, donde estaba enseñando. En 1852 fue elegido rector de la escuela, en ese momento considerado uno de los mejores que enseñaban la educación superior en el país.

Primeros puestos públicos de Sebastián Lerdo

El buen desarrollo de sus funciones lo hizo conocido en muchos círculos influyentes, y en 1857 se le ofreció el cargo de fiscal de la Corte Suprema de Justicia.

Ese mismo año, el presidente Ignacio Comonfort lo nombró jefe del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Cuatro años después, en 1861, se desempeñó como diputado en el Congreso y comenzó a trabajar con el hombre que marcaría parte de su carrera: Benito Juárez.

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Intervención francesa

Lerdo de Tejada fue presidente del Congreso cuando tuvo lugar la intervención francesa.

Fue él quien propuso que Juárez tuviera poderes especiales cuando los franceses se acercaran a la capital. Esta disposición le dio al presidente la legitimidad para montar un gobierno itinerante mientras luchaba contra la invasión.

Lerdo acompañó a Juárez durante todo ese viaje, manteniendo el puesto de responsable de asuntos internacionales.

Al final de la guerra, la carrera del futuro presidente continuó creciendo. Desde 1867 se convirtió en Ministro de Asuntos Exteriores y Gobernabilidad, presidente de la Corte Suprema y diputado, ocupando simultáneamente todos los puestos.

Elecciones de 1871

Las elecciones de 1871 significaron el primer enfrentamiento entre Lerdo y Benito Juárez. Este último intentó presentarse a la reelección, una posición que Sebastian no compartió.

Este desacuerdo lo llevó a abandonar el Partido Liberal y encontró otra formación llamada Partido Lerdist.

A pesar de esto, las diferencias entre los dos no fueron demasiado grandes. Cuando Juárez gana en las elecciones, vuelve a tener a Lerdo. Es nombrado presidente de la Corte Suprema, algo que sería fundamental en el desarrollo de los eventos.

El tercer contendiente en las elecciones no tomaría la derrota tan bien. Fue Porfirio Díaz, quien dirigió la rebelión conocida como el Plan de la Noria. Díaz fue derrotado, por lo que Juárez podría jurar la acusación.

Cuando la situación parecía más tranquila, Juárez murió. La Constitución estableció que, en ese caso, la presidencia sería ocupada por el jefe del Tribunal Supremo. De esta manera, Lerdo de Tejada se convierte en presidente interino.

La muerte de un símbolo como Juárez hizo que la gente y todos los actores sociales se volvieran para apoyar a quienes consideraban su sucesor.

Así, las elecciones extraordinarias convocadas en 1872 dan la victoria a Lerdo, quien se convierte en presidente constitucional derrotando nuevamente a Porfirio Díaz.

Presidencia

El 1 de diciembre de ese año Lerdo jura por la presidencia. En las mismas elecciones, Riva Palacio asume el cargo de jefe de la Corte Suprema de Justicia.

El mandato del político veracruzano no fue simple, ya que heredó un país que había sufrido varias décadas de conflictos armados, que habían afectado en gran medida a la economía.

Él mismo sufrió varias revueltas armadas, como la de Manuel Lozada en Tepic, exigiendo una reforma agraria.

Lerdo buscó pacificar y democratizar la nación. El Senado volvió a abrir, lo que tuvo que funcionar como control del Congreso.

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Asimismo, se esforzó por eliminar a los caciques locales para integrar a todos los sectores del país.

En las infraestructuras, el ferrocarril entre la ciudad de México y Veracruz se construyó e intentó atraer inversores extranjeros que no eran estadounidenses.

Uno de los movimientos legislativos más importantes de su período presidencial fue elevar a la Constitución las llamadas Leyes de Reforma aprobadas por Juárez.

Esta fue una iniciativa importante en términos de la intención de modernizar el país y trajo una gran oposición de la Iglesia, que se vio afectada negativamente por algunas de sus disposiciones.

Este enfrentamiento llegó a tal punto que Lerdo tuvo que enfrentarse a la llamada Revuelta Cristeta.

El principal punto negativo de su gestión está en la economía. A pesar de sus esfuerzos, no fue capaz de mejorarlo demasiado y amplias capas de la población permanecieron inmersas en la pobreza.

Reelección 

Su mandato debía terminar en 1876, pero poco antes de terminar, comenzó a defender la idea de ser reelecto.

Esto no fue del agrado de un país que había hecho de la reelección una de sus principales señales. Lerdo promovió un cambio legislativo que le permitiría aparecer nuevamente y los diputados aceptaron su reclamo.

Lerdo gana las elecciones nuevamente y hubo serias acusaciones de fraude. Entre los que se quejaron estaba todo el poder judicial, dirigido por José María Iglesias.

Su rival electoral, nuevamente Díaz, repitió el levantamiento armado que ya había protagonizado contra Juárez en ese momento.

Porfirio Díaz promulgó un plan en Palo Blanco en el que negó la legitimidad de Lerdo y aceptó a José María Iglesias como presidente interino. Sin embargo, él no quería estar de acuerdo con Díaz y decidió abandonar la capital con su propio plan político bajo el brazo.

En esta ocasión, la rebelión encabezada por Porfirio Díaz derrota a las tropas presidenciales. Después de la batalla decisiva de Tecoac, Lerdo de Tejada acepta su derrota.

De esta manera, tiene que renunciar a su puesto y, poco después, en enero de 1877, deja el país en dirección al exilio.

Exilio y muerte

Sebastián Lerdo de Tejada nunca volvería vivo a México. Pasó sus últimos años en Nueva York, donde murió el 22 de abril de 1889.

Irónicamente, su antiguo rival, Porfirio Díaz, entonces presidente de la nación, reclamó el cuerpo para enterrarlo en la Rotonda del Pueblo Ilustre.

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